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¿Por qué? Porque puedes. Qué triste

Por Eduardo Rosser Vasserot

La semana pasada, en el descanso de una clase sobre liderazgo, conversaba con dos alumnas. Esther (directora de rrhh), Almudena (técnico administrativo) y yo hablábamos sobre una limitación que acaba de confesar en clase. Siempre se me han dado mal los idiomas. Y la cosa tiene tela porque mi madre es francesa (y profesora de francés para más inri). Y mi padre tiene ascendencia galesa. En mi familia casi todos hablan perfectamente francés e inglés. Pero yo, apenas me defiendo en ambas lenguas. Una vergüenza, ya lo sé. A propósito de esta flaqueza suelo comentar que no todos podemos aprender cualquier cosa. Igual que poseemos habilidades especiales e innatas para desarrollarnos en determinadas cosas, supongo que también tenemos limitaciones específicas hacía otras. Pero esta teoria estaba a punto de explotar por los aires.

Esther confesaba que a ella tampoco se le dan bien los idiomas. Y entonces Almudena realizó una de esas preguntas que me encantan. Preguntas de apariencia cándida (incluso naif) pero que invitan a la reflexión y abren nuevas vías de pensamiento. Y eso es justamente lo que provocó. Almudena señaló que su marido también es director de rrhh y que tampoco se le dan bien los idiomas. Y entonces, casi como pensando en voz alta, se preguntó si era casualidad que a tres perfiles tan similares no se les dieran bien los idiomas. Mientras que a ella misma y a conocidos/as con perfil similar se les dan muy bien los idiomas. “¿Hay alguna tendencia en ello o es simple casualidad?”

Esther, respondió -más con su mirada y gestos que con palabras- que en realidad no hay una pauta. Nada indica que un perfil tenga más facilidad para los idiomas que el otro. Y yo estuve de acuerdo. Además la muestra no es suficientemente representativa.

Pero de repente, la pregunta se apoderó de mi y traté de seguir otra línea de pensamiento para elaborar otra teoría contraria a la inicial. Y la encontré. “Bueno, yo veo una posible explicación…” empecé de forma dubitativa. “Esther, tu marido y yo hemos podido desarrollarnos y ser contratados a pesar de no saber idiomas. En nuestro perfil, al menos hasta ahora, los idiomas eran un requisito valorable. Pero no exigible. Sin embargo, en tu línea laboral, Almudena, sin idiomas no habrías tenido el desarrollo que has tenido. No era requisito valorable sino eliminatorio.”

Siempre me ha gustado descubrir algo nuevo mientras se lo contaba a otros. Trapecismo sin red. Es peligroso pero muy excitante a la vez. No sé muy bien como lo voy a argumentar porque lo voy creando mientras yo mismo me doy cuenta del asunto. “Cuando decimos que se nos dan mal los idiomas, en realidad, mentimos un poco. Si no saber inglés nos hubiese impedido acceder al puesto de trabajo que queríamos, seguramente hubiésemos puesto más carne en el asador y lo hubiésemos conseguido. Como mucha gente, nos hubiésemos ido a vivir un año a Londres, trabajando de cualquier cosa y seguro que hubiésemos superado nuestras limitaciones. No sabemos inglés y francés porque podemos permitírnoslo. Es un poco triste, no?”

Mientras conducía hacía Madrid, seguía dándole vueltas al tema. ¿No es triste? Muchas de nuestras limitaciones las tenemos simplemente porque podemos permitírnoslas.

EDUARDO ROSSER VASSEROT
Sociólogo, postgrado en RRHH, y orientador laboral.
Consultor, formador en Rosser Management
https://eduardorosser.wordpress.com/about/
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