Hacha

El tiempo vuela. Organización del tiempo

Por Alicia Verna

Con frecuencia, sentimos que no nos alcanza el tiempo para las cosas importantes, que tenemos mucho trabajo atrasado, que terminan los días y no logramos nada, que tenemos muchas cosas por hacer, que todo era para “ayer”…

Es en estos momentos cuando deseamos que el día dure más de 24 horas para poder hacer todo lo que “creemos” que tenemos que resolver. Consecuentemente, el nivel de estrés y frustración que se experimentan van en aumento, y además perdemos foco, con lo cual sólo dedicamos tiempo a tareas operativas o urgentes y postergamos las importantes.

Quiero ilustrar esta situación tan común en las empresas en general, no sólo en las pymes, a través de un cuento popular de Bucay:

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.
El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque.
El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar.
En un solo día cortó dieciocho árboles.
—Te felicito —le dijo el capataz—. Sigue así.
Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano.
A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque.
A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.
«Debo estar cansado», pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.
Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.
Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.
Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.
El capataz le preguntó: «¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?».
¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar, he estado demasiado ocupado talando árboles.

Cuántas veces no le dedicamos tiempo a “afilar nuestra hacha”, es decir, a hacer crecer nuestros recursos y herramientas, entre ellos: la planificación, el diagnóstico, el análisis de los datos, la formalización de procesos claves (para no pensarlos cada día como si fuera la primera vez), la automatización de las tareas y, especialmente, la reflexión.

Texto extraido del libro “Buenos Negocios: Logre que su Pyme venda mejor”. Capítulo 1 Gestión Comercial. Pág. 41 y 42.  Autora: Lic. Alicia Verna. Ediciones Andrómeda. Primera Edición, Buenos Aires, 2012.

Licenciada Alicia Verna
Directora AV Consultores Pyme
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